viernes, 28 de agosto de 2015

No éramos conscientes de ello

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Algo no iba bien en su cerebro. No era algo claramente percibible, pero lo cierto es que el simple trato esporádico te dejaba un poso desagradable en el recuerdo que era difícil de borrar. Por decirlo suavemente, sus pensamientos zorreaban con el suicidio con frecuencia. No de una manera abiertamente ordinaria pero si con una actitud provocativa que causaba cierta incomodidad.
No era cuestión de abordarle directamente con un: tírate del puente de una puta vez! pero su presencia resultaba irritante y plomiza. Lejos quedaban aquellos tiempos en los que nos hacía reír hasta que nos lloraban los ojos, y las agujetas en la boca del estómago nos obligaban a implorarle piedad.
Sin saber por qué había entrado en una espiral destructiva de la personalidad, o algo parecido, que le había convertido en una persona totalmente distinta: alguien huidizo y atormentado siempre dispuesto a saltarte a la yugular por cualquier nimiedad.
Sí, nosotros éramos sus amigos, no es cuestión de negarlo ahora, pero qué podíamos hacer por él si se comportaba de ese modo tan reprobable. No podíamos permitir que siguiera insultando a nuestros conocidos con esa mordacidad tan fuera de tono. Abusaba de nuestra confianza y lo peor es que ni siquiera era consciente de ello.
Luego está ese incidente tan lamentable con la novia del Alberto. Quizá, en ese punto debimos haberle denunciado y las cosas no se hubieran degenerado como lo hicieron. Pero tuvo que ser Jorge el que nos convenciera con esos argumentos morales tan de quita y pon, y esa amistad mal entendida; y finalmente todo quedó en una paliza poco constructiva.
Nosotros nos desahogamos - incluso nos sirvió para descargar la tensión muscular acumulada – él reconoció su error, lloramos, reímos y hablamos del pasado. Pero yendo al ambulatorio entendimos que nada volvería a ser como antes. No me refiero a su nariz rota, que nunca quedo igual, sino a nosotros, a nuestras vidas. Habíamos dejado atrás la juventud y habíamos entrado de lleno en la edad adulta y ni siquiera éramos conscientes de ello.

2 comentarios:

  1. me indujo a una semántica de noctambularios y cocainómanos espejos en fuga, ese "retrato" y la tonada, desembocante, como de una carrera en transversal y qué han sido de aquellos bares en los que una vez, se cantó la misma noche y se persiguió el mismo horizonte, hoy convertido, en miles y miles, de epígrafes y desbandadas

    me gustó mucho la voz que le pusiste y esa atmósfera que me llevó también a alguno de mis pasados....

    salud y placeer leerte en las asimetrías de la tierra!

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    1. la verdad es que últimamente miro mucho hacia atrás... será la crisis de los 40...
      un abrazo y gracias por el comentario

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