martes, 5 de abril de 2016


Siento una felicidad inmensa, quiero correr sobre
las cabezas desnudas de monjes hare krishna
hasta que me falte el aire y mis pies encallecidos tiemblen
como mariposas sin alas
sobre el asfalto agrietado de carreteras desiertas

Quiero mirar al horizonte y llorar desconsolado
Gritar hasta que el eco me destroce el alma
y el dulce olor de la industria papelera
me suma en un plácido letargo

Y que mis dientes chirríen en fa sostenido
mientras sueño con hadas voluptuosas retozando con gatos salvajes
que maúllan nuestra muerte
Y despertar sollozando bajo la presión de un cielo tan azul
como el océano insondable
donde huyen los peces que conocen las artes de pesca
aquellos
que escupen el cebo y sucumben al placer del anzuelo

Quiero cantar bajo la lluvia en una sucia calle
donde la madrugada no dé paso a un nuevo día

Beber hasta que se me sequen las manos
bailar conmigo mismo en un tugurio portuario
y que una procesión de prostitutas moribundas desfile ante mí
entre luces monocromáticas
mientras yo entono la saeta de las siete arcadas
sobre un colchón abandonado
que huele a moho y cerveza reciclada

Que ardan los contenedores y el olor a plástico quemado
inunde mis pulmones de nuevo y me haga sentir niño otro vez

Quiero caminar bajo puentes metálicos llenos de candados oxidados
observar las estrellas danzando sobre la superficie del río
desde el suelo
al borde de la inconsciencia
con los ojos hinchados y la sangre caliente recorriendo
lentamente mi rostro

Sentir el cosquilleo de las piernas entumecidas
y que el viento frío y húmedo de la noche más oscura
acaricie mis encías ensangrentadas y me haga sentir vivo
y diferente en un mundo simétrico y agotado

un mundo que se repite hasta la extenuación
en cada gran ciudad que se resiste a desaparecer

bajo el azote
de un nuevo ciclo económico

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