miércoles, 28 de agosto de 2013

20 whatsapps de amor y un politono desesperado




La sociedad de la información y el posmaterialismo han transformado y mercantilizado el amor, las ideas, la pasión, el deseo, la tristeza, la risa.

Los emoticonos- convertidos en verdadera neolengua- han reducido nuestra capacidad de expresarnos al mínimo preciso.

Atrapados en la red, robots araña succionan nuestros pensamientos, nuestros instintos, extraen los sentimientos, los digitalizan, los trasmutan, los sintetizan y los convierten en negocio publicitario, los cubren de una profilaxis virtual que nos impide adentrarnos de verdad en el otro. 

Han pixelado nuestra vida y ni siquiera logramos percibirlo, nuestro cerebro ha seguido un proceso conductivo simple y eficaz: me gusta / no me gusta.

El mundo +, polarizado y desprovisto de matices, ha triunfado, por fin, sobre todo lo antiguo.

Legiones de ciberamigos se comunican juntando sus pulgares a un lado y otro de pantallas luminosas, unidas por serpenteantes cables de fibra óptica que atraviesan, en silencio, océanos y ciudades. Nuestra vida y memoria filtrada y escudriñada por los agentes de la pureza del sistema, en busca de herejía o rebelión. Complejos algoritmos cartografían nuestra personalidad, codifican nuestro perfil psicológico y lo almacenan en bases de datos relacionales, que se actualizan con cada click, con cada palabra, con cada descarga, con cada transacción, con cada visualización, con cada "me gusta",  con cada pestañeo irregular, con cada lugar donde se posicione el gps del móvil, con cada contacto que agregas, con cada email que abres, que rechazas, que reenvías, que almacenas.... 

La guerra es la paz, la libertad la esclavitud, la ignorancia la fuerza.

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